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Cuando las etiquetas deciden nuestra vida…

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Cuando las etiquetas deciden nuestra vida…

Depresión, ansiedad, TOC, hipocondría… Etiquetas que dan nombre a nuestros síntomas, etiquetas que nos aferramos para explicar y justificar nuestro malestar. ¿Por qué actuamos así si sabemos que no avanzaremos?

Cuando el paciente viene diagnosticado

En consulta la novedad sería cuando la persona viene sin saber qué le ocurre o qué nombre recibe a lo que le pasa. Algunos necesitan dar nombres, otros solo buscan la solución, el bienestar emocional… Pero otros vienen con el diagnóstico realizado y se aferran a él como si de un salvavidas se tratase. Justifican su estado emocional, sus síntomas y su malestar a una etiqueta que les impide avanzar por un camino que está lleno de obstáculos, como es la vida.

¿Es adecuado el diagnóstico? Es una pregunta compleja de responder. Sí y no. Creo en dar nombres a las cosas, a los síntomas aunque un mismo problema pueda presentarse con mil síntomas diversos y estemos hablando del mismo problema o mismo trastorno. Me gusta saber qué tengo delante, contextualizar y sobre todo, conceptualizar. Necesito poner sobre la mesa qué tenemos  y cómo trabajar, ya sea desde mi modelo teórico o cualquier otro que me pueda servir para ayudar a la persona. Ahora bien, ese diagnóstico puede ser un arma de doble filo. Cuando das nombre a las cosas, hay personas/pacientes que quieren huir de ese nombre y luchan por mejorar, por alcanzar el bienestar que tanto anhelan.  Pero, hay clientes que lo utilizan, se aferran y no avanzan.

Modificar los términos

Cuando alguien viene a consulta y me dice que tiene depresión o cualquier otro trastorno prediagnosticado, matizo su terminología para entrar dentro de la normalidad social. Todos sufrimos ansiedad, depresión, pánico, fobias e incluso, en algún momento de nuestra vida, sufrimos ciertos delirios. Todos hemos pasado por eso pero cada uno de esos términos son considerados peyorativos, aunque para otros dan sentido a su malestar y su justificación de ser así, de sufrir así y no hacer nada por remediarlo.

¿Por qué no utilizar otras palabras? Tristeza, nervios, miedos… ¿Por qué no alejarnos de esos términos a nivel social? Da igual que el psicólogo escriba en su historial que sufres de depresión, solo es un término. Solo es una etiqueta para dar nombre a algo. Quédate con una época triste, una crisis, un desánimo… Quédate con eso y camina de la mano de tu psicoterapeuta o de las personas que te quieran ayudar, para modificar conceptos y volver a decir: soy una persona feliz.

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